LO DESCONOCIDO (2)

Este será el otro protagonista del nuevo proyecto al que quiero echarle mano en cuanto me aclare un poco las ideas. Esto de tener diferentes frentes abiertos me va a matar. Él es


"Todavía ahora no sé por qué accedí. Una fuerza extraña y ajena a mí me hizo dar ese paso y cuando me quise dar cuenta ya no pude hacer nada, porque su penetrante mirada anuló por completo mi voluntad.
Tan solo hizo falta una insinuación para que yo entrara en su coche. Habíamos estado tomando una copa y durante la escasa hora que nos duró ya pude comprobar el efecto que sus ojos producían en mí.
Y luego ahí, en ese espacio reducido, los dos solos, ajenos a todo a nuestro alrededor y tan cerca el uno del otro, no pasaron muchos minutos para que yo desfalleciera en mis intentos inútiles para mantenerme distante y fría.
Unicamente bastó un gesto suyo para que todo mi plan se desmoronara.
Entré en el coche y crucé mis piernas nerviosa, de forma que mi cuerpo quedó ladeado hacia él. Él, en cambio, permaneció inmóvil, de frente, agarrado al volante, hasta que mis palabras lo alteraron.
-¿Qué pasa que querías mostrarme tu fantástico coche? Pues sinceramente, me la sopla. -Ladeó lentamente la cabeza y me miró-. Voy a llamar a un taxi. -Estaba ya al borde del colapso.
Cuando mis dedos casi alcanzaron el móvil del fondo del bolso, su fuerte mano sobre la mía paralizó todos mis movimientos.
Revolviéndose sobre el asiento se colocó frente a mí, nuestras piernas separadas por el cambio de marchas, nuestros torsos más cerca que nunca y nuestros labios tan juntos que casi con tan solo moverlos un poco podríamos rozarlos.
-No harás tal cosa. No dejaré que lo hagas -dijo agarrando mi bolso y lanzándolo al suelo-. Tú quieres una cosa y la vas a tener.
Sus dedos se enredaron en mi pelo y sujetándome la cabeza me mantuvo frente a su rostro durante unos segundos. Su mirada se debatía entre mis ojos y mi boca y mi plan se desmoronó cuando vi la punta de su lengua paseándose por sus labios.

Un deseo incontrolable se apoderó de todo mi ser y en aquel momento lo único que ocupaba mi mente era la idea de saborear sus labios, de sentir su lengua dentro de mi boca y de tocarle. Sí, eso era lo que deseaba con toda mi alma y eso es lo que ocurrió.
Agarrándole por el cuello de la camisa hice que esos escasos milímetros que separaban nuestras bocas se redujeran a cero y fue mi lengua la que buscó la suya. Sus dedos presionaron con fuerza mi cabeza contra él y al momento mi boca fue invadida por ella, la razón de la pérdida de mi compostura.
Mis dedos se deslizaron por la abertura de su camisa, acariciaron su pecho y el cosquilleo de su vello, me erizó toda la piel. Su mano acariciaba mi espalda por debajo de mi camiseta y a medida que se iba deslizando por mi costado en dirección a mi pecho, mi deseo iba aumentando. Mis dientes empezaron a mordisquear su labio inferior. Nos separamos unos milímetros y nuestros ojos se encontraron. Su mirada penetrante me previno de lo que iba a ocurrir y el movimiento de mi mano le dio carta blanca a sus acciones.

Pero contrariamente a lo que mi mente estaba imaginando que ocurriría, su mano bloqueó la mía, impidiendo que mis dedos acabaran de bajar la cremallera de su pantalón. Sujetándome por el pelo me separó de su boca y sin apartar sus ojos de los míos me ordenó que me pusiera el cinturón de seguridad.
Circulamos durante unos cinco minutos a toda velocidad por la calles de la ciudad hasta llegar a las afueras. En silencio. Yo sólo me atrevía a mirarle de reojo y cada vez que lo hacía, me excitaba más el ver su semblante serio y frío fijo en la carretera y sus fuertes manos aferradas al volante, dando la impresión que en cualquier momento el plástico o de lo que maldita sea que fuera que estuviera hecho se desintegrara entre sus dedos.
Por fin, llegamos frente a una casa y tomando un giro vertiginoso entramos con el coche por el camino lateral en dirección a una gran puerta de garaje que empezó a abrirse una vez que él accionó un diminuto botón de la parte frontal del coche.
Por lo poco que me dio tiempo a ver, la casa era impresionante, por no decir del gran y magnífico jardín que la rodeaba y ya dentro del aparcamiento, con mi mirada fija en el cristal del parabrisas y presintiendo lo que ahora iba a ocurrir, mis piernas empezaron a perder sensibilidad y fui incapaz de girar mi cabeza para mirarle. Ya hacía unos segundos que había detenido el coche y sabía que me estaba mirando.
¿Sigues queriendo llamar a ese taxi? —Su grave voz demasiado cerca de mi oído como aquella primera vez que la escuché me sobresaltó.
Sin decirle nada agarré mi bolso que todavía estaba en el suelo y salí del coche. Él a su vez también lo hizo, y nos encontramos los dos cara a cara delante del automóvil. Sus apetitosos labios se arquearon débilmente en lo que pareció un principio de sonrisa y su mano envolvió completamente la mía.
Él caminaba delante de mí, con mi brazo extendido delante de mí y mi mano sujetada a la suya, tenía desde allí una bonita perspectiva de su fornida espalda y pude comprobar a la perfección la fuerza y decisión de sus movimientos al andar.
Nos dirigimos a una puerta que estaba situada a la izquierda del garaje y que luego comprobé que daba directamente a la entrada de la casa. Estábamos ya dentro del inmenso salón, cuando girando sobre sus pies y sin soltarme la mano, me aprisionó con su cuerpo contra la pared. Su otra mano me sujetaba delicadamente por el cuello y sus ojos estudiaron por unos segundos mi escote.
Fue entonces cuando solté mi bolso y mis dedos volvieron a reencontrarse con sus abdominales. Uno a uno fui desabrochando los botones de su camisa sin perder el contacto con sus ojos y él empezó un recorrido lento de caricias por mi brazo y por mi cuello.
Ya con mi otra mano libre acabé rápido con el trabajo que me mantenía ocupada y de un tirón le saqué la camisa de dentro de los pantalones. Su mano se paseaba cálidamente por la parte superior de mis pechos y yo sabiendo muy bien lo que hacía, entreabrí ligeramente mis labios mostrándole mi lengua mientras le miré de forma seductora.
Su reacción no se hizo esperar y al mismo tiempo que envolvía uno de mis pechos con su mano, su boca se apoderó de la mía. Mi mano voló hacia su entrepierna y colocándola sobre su erección la cerré con firmeza en torno a su pene, que aún y resguardado bajo las ropas se sentía duro y excitado.
Al sentir mi caricia él se separó de mí apoyando su mano en la pared. Entonces yo tuve una perfecta visión de su físico. Por favor... con esa postura tan sexy y ese cuerpo delante de mí, en lo único que pensé es en que necesitaba más.
Prácticamente le arranqué la camisa de los brazos y como una obsesa me lancé a la cinturilla de su pantalón. Con la rapidez y el nerviosismo del momento no atinaba a meter el dedo entre la hebilla y el cuero del cinturón y tampoco él me dio más oportunidades, porque enseguida me cogió por la cintura y colgada de sus caderas me llevó hacia el sofá, donde caímos los dos juntos.
Y así, él sobre mí y yo por primera vez sintiendo su dureza entre mis piernas empezó a desnudarme sin dejar de morderme la boca ni de invadirme con su lengua."


3 comentarios:

Yasnaia dijo...

Ufff, ya hoy no miro mas tu blog... vas a acabar conmigo... me estas conbirtiendo en una adicta a ti jajajajaja

Mel Caran dijo...

Jajajajajaj Muaaaaaaa

Yasnaia dijo...

Me acabo de dar cuenta de que he escrito convertir con B de burra... ay oma... no me lo tengas en cuenta jajjaja