NARL - Capítulo Final

Pero... casi siempre nada es lo que aparenta ser y lo que tú creías que podría suceder, al final toma otro camino, se desvía, y te quedas pensando: "Vaya, no es lo que esperaba, pero bueno, puede estar bien esto también..." 

Y eso es lo que ocurrió...

¿O acaso esperabais otra cosa? ¿Acaso pensabais que Alan permitiría exponer a su chica ante los ojos de su amigo en actitud comprometida y nada decorosa? No, nunca. Los Manhattan cargados, sí que puede ser que hicieran que Rebeca perdiera la cabeza por un momento, aunque seguro que luego se arrepentiría más de una vez, pero en Alan no, para Alan eso no era negociable.

—Rebe... —susurró en su oído sin separarse de su cintura—. Coge ahora mismo las copas de vino y subamos a la habitación —dijo sin soltar la cajita de dilatadores y aligerando la presión de su brazo para permitir que su chica se inclinara a recoger las copas de la mesa.

Rebeca como hipnotizada, obedeció. Al pasar por delante de sus amigos, alcanzó a ver que el juguetito del que se había apoderado Laila ahora estaba en manos de Nathan, que lo deslizaba sobre el sexo húmedo y ansioso de ella, colocada a horcajadas sobre él y mostrándole cuán agradecida estaba de haber conseguido semejante complemento.

Una vez arriba y tras cerrar la puerta, Alan retrocedió, y empujando a Rebeca, la aprisionó con su fuerte cuerpo contra la puerta.

—¿Sabes que me has puesto muy cachondo con tu jueguecito? —preguntó mirando fijamente a los ojos de ella y casi rozando sus labios—. Y sabes qué es lo que va a pasar ahora, ¿no? —continúa hablando mientras cada vez más la presión de su entrepierna hace más palpable la enorme erección contra el vientre de Rebeca.

—Ohhhh... Alan... no tengo ni idea... dame una pista... —le provoca Rebeca intentando atrapar los labios de él, sin conseguirlo.

—Chica mala... Sí que lo sabes y esto va a tener mucho que ver... —Y entonces Alan le muestra a Rebeca lo que sostiene en la mano, la caja con los dilatadores y el frasco de lubricante.

La mente de Rebeca empieza a divagar y su mirada va desde la mano de Alan hasta su sensual sonrisa, ahora provocativa y lujuriosa, que está a punto de llevarla a la locura. Como por arte de magia, la toalla que cubría el cuerpo de ella, cae al suelo y Alan excitado al máximo ante tal visión la rodea con su brazo por la cintura y en volandas la lleva hasta la cama, la lanza sobre ella, deja a un lado los juguetes y poniendo una mano en cada rodilla de Rebeca, abre sus piernas al máximo y observa atónito su sexo.

—Joder, Rebeca... Puedo ver tu humedad...

—Sííí, Alan, saboréame... ¡Vamos, chúpamelo todo!

Al instante, la cara de Alan se pierde entre las piernas de Rebeca y su lengua recorre lentamente la más que húmeda hendidura de ella, jugando con sus labios íntimos e inspeccionando cada uno de sus rincones, hasta que por fin, llega al punto mágico, ese clítoris super excitado y totalmente receptivo a las caricias de su músculo experto.

Los gemidos de Rebeca ya se expanden por toda la habitación y elevan su volumen cuando siente el contacto de algo frío en su culo, para luego deleitarse con el roce de los dedos de Alan, extendiendo en círculos el gel por su ano. El saber lo que hará luego con ella, la excita todavía más y el ritmo incansable de la lengua de Alan la está llevando a ese punto donde la consciencia te abandona por momentos, el calor te invade por dentro y te dejas llevar.

Rebeca se corre en la boca de Alan justo después de que éste introduzca suavemente su dedo en el culo de ella, acompañando así un poco de gel en su interior, con la intención de dilatar esa excitante entrada. Rebeca sigue convulsionando en contacto con la boca de él, que no deja de succionar su clítoris y los gritos de ella seguro que son escuchados por sus amigos que deben estar pasándolo muy bien también allí abajo.

—Ohhhh... Alan... Ven aquí... Tengo hambre....

—No, chica mala, todavía no he terminado contigo —dice Alan, relamiéndose los labios—. Ponte a cuatro patas.

Rebeca al escuchar su autoritaria orden, gime. Gime al presentir lo que sucederá y gime al imaginar la cantidad de placer que estará a punto de darle. Hace lo que le pide su hombre y mirándolo sensualmente, agarra una de sus nalgas y la separa de la otra.

—Sí, Rebeca, precioso. Y perfectamente follable...

Y ocurre lo inesperado. Alan sin previo aviso la penetra. Introduce su pene erecto en la húmeda vagina de ella y no se detiene hasta tocar fondo. Rebeca grita. Grita de sorpresa, grita de dolor, pero también grita de placer. Alan sigue bombeando sin parar y sin compasión.

—Ahora voy a meterte por este culito uno de los dilatadores. Pero no voy a empezar por el más pequeño... Avísame si te duele —susurra Alan recostado sobre la espalda de Rebeca.

—Sí, Alan, pero rápido... Quiero morir de placer ya y no dejes de follarme... ¡Ni se te ocurra parar!

—Oh, mi caliente Rebeca... cállate o harás que me corra enseguida.

Al instante, Rebeca se sobresalta al sentir el contacto frío del dilatador que Alan coloca sobre su ano y se estremece al notas como empieza a introducirse lentamente dentro de ella. Siente como se abre a él y como el placer la invade por dentro.

—Mmmmm... Alan... más... ¡sigue!

—¡Joder, Rebeca! Arggg... sííí... —grita Alan embistiéndola con brutalidad.

Los gritos de Rebeca son ensordecedores cuando Alan empieza a mover el dilatador dentro de su culo, fuera, dentro, fuera, dentro y sin parar de empotrar sus caderas contra ella le ordena que se corra con él.

—¡Ahora, Rebeca, vamos! Déjate ir para mí. ¡Lo quiero ahora!

—Ahhh... Sííí, Alan, yaaaa, ohhh... por Dios...

Alan extrae el dilatador despacio y Rebeca no puede evitar lanzar un profundo gemido al sentir ese vacío en ella. Sin extraer su miembro se tumba sobre la espalda de su amada y la recorre con sensuales besos.

—Rebeca me vuelves loco...

—Y tú a mí, Alan, y quiero que me vuelvas más loca aún, cada día... Pero ahora, necesito beber algo. Voy a rellenar las copas. No te vayas mi amor. —Un débil gemido escapa de su garganta cuando Alan sale de dentro de ella.

—No tardes.

Cuando Rebeca alcanza la escalera puede ver desde arriba la escena que protagonizan sus amigos. Tumbados en el suelo, Nathan sobre Laila, inundándola con su increíble miembro y gruñendo desesperado. Enseguida la ve en lo alto y sus labios esbozan una media sonrisa maliciosa, recorriendo con la mirada su cuerpo desnudo.

Como hipnotizada empieza a bajar los peldaños, sin poder apartar sus ojos de esas esferas azules, de esos ojos que la están incitando a acercarse y a los que está obedeciendo sin remedio.

Rebeca se arrodilla al lado de su amiga y la mano de ésta se posa sobre su pecho izquierdo. Rebeca se deleita viendo como Nathan penetra a su amiga y empieza a acariciarle el monte de Venus. Laila gime al sentir el contacto cálido de su mano y agarrando uno de sus muslos la invita a ponerse sobre su boca.

Rebeca accede y ahí frente a la mirada perturbadora de Nathan y con la lengua de su amiga dentro de su vagina, se agarra a los pechos de Laila y se relame contemplando el pene de Nathan, entrando y saliendo de su compañera.

—Rebeca... —La voz de Alan a su derecha la sobresalta—. ¿Se puede saber qué estás haciendo?

Los ojos de Alan no pueden apartarse de ellos y Rebeca flotando en su descontrolado deseo no se le ocurre otra cosa que agarrar la erección de Alan, atraerlo hacia ella y hundirse el pene de su amado en la boca.

A los pocos segundos el salón de la impresionante casa de Alan se asemeja a un pequeño teatro donde los músicos interpretan una perfecta sinfonía de gemidos, suspiros y gritos de placer.

—¡Miriam! ¡Levanta ya! ¡¿Pero tú sabes qué hora es?! ¡Tendrías que estar de camino de la Universidad ya!

—Ohhh... mamá por Dios, deja de chillar. Ya voy.

Desgraciadamente la madre de Miriam despierta a su hija en el mejor momento del sueño. Miriam ha quedado completamente anonadada con los protagonistas de las dos últimas novelas que ha leído, y su mente inquieta le ha jugado una mala pasada mientras dormía. Al levantarse, siente algo cosquilleante en su sexo. No hace falta que lo compruebe. Sabe que se ha corrido mientras soñaba.





2 comentarios:

Elva Martínez Medina dijo...

Hola, acabo de conocerte por la campaña "Un club más unido" de El club de las Escritoras. Ya me tienes como seguidora, por aquí me quedo.
Saludos
Elva
http://unapijaenlaciudad.blogspot.com.es/

Mel Caran dijo...

Muchísimas gracias Elva!! Encantada de tenerte por aquí. Mil besos.
Mel.