NARL - Capítulo 2

En el preciso instante en que las cabezas de los atractivos hombres tocan el agua, las chicas empiezan a removerse nerviosas y sus pies retroceden hacia el borde opuesto de la piscina, en su afán de alargar ese momento de tensión sexual y deseo incontrolable.

—Venga Rebeca, vamos a darles su merecido... —susurra llevando la mano a su espalda y tirando del cordoncito de su minúsculo sujetador del bikini. Con un rápido movimiento acaba por sacarlo por su cabeza y lo lanza hacia atrás. La pequeña prenda acaba aterrizando en el césped.

Los chicos simulando una enloquecida carrera, siguen avanzando hacia ellas, buceando por el fondo de la piscina.

Rebeca no es tan decidida, es bastante mayor que Laila y eso es algo que influye mucho en su comportamiento, pero esta noche, bajo los efectos de los deliciosos Manhattan y viendo lo que se aproxima hacia ellas, la vergüenza y la cordura no se han aliado con ella.

—Sí, Laila, van a lamentar haber dejado tirados sus tentadores boxers sobre la hierba. —La mano de Rebeca hace el mismo gesto que la de su amiga y a los pocos segundos, Laila está admirando los exuberantes senos de su amiga.

—¡Madre mía, Rebeca! No me extraña que Alan pierda la cabeza contigo... ¡Vaya par de tetas! —bromea Laila, haciendo el amago de tocarla.

—¡Para, idiota! ¡Mira! —Rebeca señala con la mirada al frente. Ya los tienen allí...

El primero en salir es Nathan y sacudiendo la cabeza para liberarse del agua que cae por su perfecto rostro, se coloca entre las dos chicas. Primero agarra por la cintura a Laila y luega, haciendo un amago de besarla, dirige sus labios hacia Rebeca, y los posa sobre su mejilla izquierda, muy cerca de la comisura. Después al separar su rostro de ella,  no puede evitar bajar su mirada azul penetrante, para dejar que sus ojos se paseen por sus pechos.

Al momento aparece Alan, justo enfrente de Rebeca y con el mismo impulso con el que emerge a la superficie, sujeta a su chica por la nuca y le devora la boca, al mismo tiempo que mira de forma tentadora a Laila. Ésta no puede evitar acariciar el fuerte pecho de Alan y luego deslizar su mano hacia su abdomen.

—¿Se puede saber qué hacíais aquí tan solas, pequeñas pervertidas? —pregunta Nathan, interceptando la mano de su amada.

—Esperando a nuestros salvajes compañeros, cerdo engreído...

Rebeca ve de reojo como su amiga ya tiene las manos bien ocupadas con su chico... Muy bien ocupadas...

—Y tú, princesa... ¿qué tienes que decir al respecto? —interroga Alan sin dejar de besar el cuello de Rebeca.

—Yo... Siéntate en el borde la piscina, Alan y te demostraré en lo que estaba pensando —susurra Rebeca al oído de Alan acariciando su entrepierna.



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