SUEÑOS ROTOS

La suave brisa entra por la ventana y el frescor que baña mi cuerpo desnudo me despierta en mitad de la noche. Me quedo absorta contemplando, bajo la cálida luz de la luna, la bonita danza que la cortina ejecuta delante de mis ojos dejándose mecer por el aire. Voy a incorporarme para cerrar el ventanal, pero tus brazos que descansaban plácidamente sobre mi espalda me retienen, y esa dulce voz susurrante, que siempre consigue extasiarme, me ordena que no me mueva.
Acaricias lentamente mi espalda, muy despacio, como si quisieras recrearte en todas y cada una de mis vértebras. Tu cuerpo pegado al mío, me transmite su calor y el contacto de tu virilidad sobre mis caderas hace que me olvide de todo lo demás. Quiero incorporarme, el suave roce de nuestras pieles altera todas mis terminaciones nerviosas, quiero que cada centímetro de mi piel sienta tu calor, pero me lo impides, te colocas sobre mí, tu miembro erecto se clava en mi nalga izquierda y tu musculosa pierna se abre paso entre las mías, para finalmente presionar con ella en mi vagina ya húmeda desde que empezaste ese dulce recorrido sobre mi espalda.
Tus labios empiezan a torturar mi caliente y excitada piel, instintivamente abro más mis piernas lo que te invita a ejercer mayor presión sobre mi núcleo del placer, eso me hace perder el control y mi garganta ya no puede retener la sinfonía de gemidos que quieren emerger de ella. En ese momento tu muslo cede para dar paso a la mano, que se introduce sin dilación entre mis piernas y sin darme un segundo de respiro, mi mojado y oscuro interior es invadido sin compasión por uno de tus expertos dedos. Sin oponer resistencia me dejo llevar, mi espalda se arquea, mi sexo se abre y ello te invita a más. Mientras tu boca devora mi cuello, a sabiendas que eso me hace perder la cordura, ya son dos los dedos que me están elevando al mejor de los dulces placeres de la vida. Mis manos se aferran con una fuerza extrema a la almohada que se retuerce bajo mi rostro, víctima silenciosa y sumisa de mis espasmos preorgásmicos.
Como buen conocedor de mi cuerpo, esperas el momento adecuado para abandonar la dulce tarea que mantenía ocupada tu mano derecha, y ahora con las dos, tras un rápido movimiento que te sitúa detrás de mí, sujetas con fuerza mis caderas y las elevas, haciéndome sostener sobre mis rodillas en la cama y manteniendo mi húmedo y excitado sexo justo enfrente de tu duro y más que erguido pene.
Rápidamente colocas una mano sobre cada una de mis nalgas y ayudándote de los pulgares abres mis lubricados e hinchados labios íntimos para hundir entre ellos el maravilloso miembro que sin ninguna ayuda ni impedimento, llega hasta mi más tierno interior, rebotando dentro de mí una y otra vez al compás de las brutales embestidas de tus caderas.
Tú ya lo sabías, me tenías al borde del orgasmo, y ahora que lo sientes alrededor de tu potente carne, no tardarás nada en acompañarme en ese viaje que tantas veces hemos llevado a cabo juntos. Siento ya cómo mis piernas empiezan a tensarse, mis ingles son como dos arcos a punto de soltar la flecha que impactará de lleno en la diana y mi espalda se retuerce buscando la posición exacta para sentir en mi interior la dulce explosión que está por venir.
Tus gemidos guturales son el preludio de la inminente inundación que sufrirá mi sexo y eso hace que yo me deje llevar por fin, relajando por completo mis músculos y vertiéndome a tu alrededor, mezclándose así nuestras calientes esencias dentro de mí. 
Nos dejamos caer extasiados sobre la cama, uno junto al otro y como siempre, alargo mis brazos. Lo que éstos se encuentran y el cosquilleo de mi flujo entre las piernas hacen que me despierte. Y allí está, como siempre, la soledad, ese lado de la cama vacío, siempre igual desde hace tres años. Entre lágrimas perdidas sobre mis mejillas, me obligo a mi misma a apresurarme, mi dulce sueño me ha llevado más lejos que de costumbre y el sonido del despertador se ha perdido entre mis imaginarios gemidos. Todavía tengo que recoger las flores, esas orquídeas blancas que año tras año dejo en esa curva, esa que fue testigo de tu ida, esa que te arrebató de mi lado, para que día tras día se marchiten junto al continuo ir y venir de los coches, ajenos al dolor y sentimiento que encierran sus pétalos. Esos pétalos que me recuerdan cada día, al pasar frente a ellos de camino al trabajo, cuánto se parecen a mi corazón, que como ellos, cada segundo que pasa va perdiendo un poco de vida. En solitario, pero nunca solos, ya que tu recuerdo nos acompaña. Siempre.

13 comentarios:

Mayte Esteban dijo...

Precioso, Mel. Te deja con un nudo en la garganta.

Me ha gustado mucho.

Besos!!!

Pilar Muñoz dijo...

Me ha encantado, Mel! Erotismo y sentimiento; para mí es una bonita mezcla, aunque sea triste, como en este caso. Y un acierto la dulzura con que lo narras de principio a fin. Muy bonito!
Un beso, guapa!

Mel Caran dijo...

Muchas gracias chicas!!! Leer vuestros comentarios sí que es un placer.
Muchos besos!!!

Amanda dijo...

Bellísimo Mel. Hace poco tiempo que comencé a leer tu obra y relatos y me sorprendieron gratamente. Por fin se unían el erotismo con la sutiliza y belleza del sentimiento. Este relato bellísimo ,aunque triste.... me ha emocionado una vez más. Gracias Mel.

Mel Caran dijo...

Gracias a ti Amanda por tus bonitas palabras. Comentarios como los tuyos son los que nos dan fuerza para seguir escribiendo. Un beso.

Ana Merchan dijo...

Estoy llorando como una tonta...precioso mel...
Sin palabras,muchas gracias por todo lo que nos das

Ana Merchan dijo...

Estoy llorando como una tonta...precioso mel...
Sin palabras,muchas gracias por todo lo que nos das

Marisa Fernandez dijo...

Sencillamente hermoso!!!!!! cuanto sentimiento!!!!!!! Uffffffff perfectamente desdripto y sentido!!!!!! Felicitaciones mel

Marisa Fernandez dijo...

Sencillamente hermoso. Expresión pura de sentimientos volcados al papel. SOS una genia Mel!!!!!!! me encanto.

Mel Caran dijo...

Marisa qué te puedo decir ya a estas alturas!!!! Muchas gracias corazón!!! Un besote inmenso!!!

eugenia dorado dijo...

Bello y con sentimiento,eriza la piel y sientes,me gusta leer y que me hagan sentir.

Mel Caran dijo...

Uyyyy Ana Merchan, no había visto tu comentario. Si es que... no tengo perdón. Lo siento mucho!!!
Aunque te hiciera llorar, estoy feliz por tus palabras. Muchas gracias!!!

Mel Caran dijo...

Muchas gracias Eugenia!! Estás en tu casa, lee todo lo que quieras. Un beso!!!