RELATO A CUATRO MANOS CON PILAR MUÑOZ

Estas vacaciones a mi querida amiga Pilar se le ocurrió una genial idea... y una plácida tarde de Agosto recibí a través de Facebook una divertida invitación por su parte. En ella me instó a entrar en un juego, al cual me presté sin pensármelo dos veces, me pareció muy original y pensé que podría resultar ameno. Me etiquetó en el primer fragmento de un relato, el cual yo tenía que continuar. El resultado fue el que leeréis a continuación, y tengo que decir que fue espectacular, me lo pasé genial, y la plácida tarde de Agosto se convirtió en una divertida tarde en la que tomaron parte muchas de nuestras queridas seguidoras, y que disfrutaron tanto de la lectura como nosotras dos de la escritura.
He querido recogerlo aquí, ya que tanto a Pilar como a mí el tema de las redes sociales nos pierde un poco, y me sabía mal, que este relato se quedara oculto bajo tantas publicaciones en nuestros muros de nuestro compañero de fatigas, el Señor Facebook, así que ya no me enrollo más y aquí os lo dejo. Espero que lo disfrutéis... y... Pilar, esto tenemos que repetirlo!!!!

#1 por Pilar:
"La cabeza me da vueltas. Abro los ojos y la luz se clava en mis pupilas como una aguja afilada, acostumbradas a la penumbra apenas interrumpida por los reflejos de las luces de colores que anoche escapaban de la pista de baile. Parezco estar subida a un tiovivo que no me deja perfilar con nitidez las formas que me rodean, a excepción de una. Me agarro al varal de la cama en un intento de detener el movimiento invisible que sólo es real en mi mente mientras mi cuerpo yace desnudo sobre la colcha aún estirada. Me agarro al varal de la cama para mirarte. Porque sé que eres tú quien me observa con un deseo libidinoso delatado en tus labios, en tus ojos, en tus manos contenidas luchando por ganar la batalla a tu conciencia para llegar hasta mí y acariciarme lentamente, para dejar grabada en las yemas de tus dedos la huella de mi piel. Un instinto primitivo se aprovecha de mi cordura ausente y me obliga a abrir las piernas con un sensual ademán que dilata tus pupilas. Humedezco mis labios con la punta de la lengua, me contoneo y sonrío. Sonrío al verte avanzar con el centro de tus caderas pidiendo guerra…." 



#2 por Mel:
"Por un instante, cruza por mi mente el loco deseo de hacerte sufrir, sé cómo te enfurece que juegue contigo cuando estás al límite, pero me gusta el riesgo, me excita y no me puedo contener. Hago un esfuerzo sobrehumano para mí e intento vencer las ganas de que me arrastres hacia las profundidades de la lujuria y el desenfreno y poniendo toda la fuerza de la que soy capaz sobre mis brazos, me impulso hacia tu derecha, para apartarme de la trayectoria que estaba tomando el eje de tu cuerpo... Ese eje que me hace perder el rumbo, ese eje que perturba mi mente, hasta el punto de no ser consciente de espacio, ni tiempo... En un momento de mi rápida maniobra, puedo ver tus ojos... sí, en efecto, reflejan furia, ira, pero también, y eso me gusta, pasión y mucho, mucho deseo. He conseguido ponerme en situación de huida, con mis manos y rodillas sobre la cama, pero inmediatamente siento una fuerte presión en torno a mis tobillos... son tus manos que me retienen y tu fuerza anula mi forcejeo que es también vencido por el deseo irrefrenable de que me poseas. Tiras de mis pies y el contacto de mis glúteos con tu pubis, me hace perder de inmediato la concentración en esta caliente imitación de lucha..."

#3 por Pilar:
"La vista se me nubla a pesar de haberse evaporado el efluvio del alcohol. El ardor que concentras entre tus piernas penetra en mí de forma convulsa, como si estuvieras poseído por el mismísimo Diablo. Noto tus manos aferradas a mi cintura, atrayéndola con fuerza una y otra vez hasta ser capaz de oír el chasquido de nuestros cuerpos en un movimiento encontrado que me hace perder la conciencia de mí misma y de cómo he llegado hasta allí. Hago un esfuerzo por no doblegar mis brazos, por mantener mi equilibrio a pesar de las sacudidas. Empuño las sábanas y tiro de ellas llevándolas hasta mi boca entreabierta para amortiguar mis jadeos incontrolados, mientras tus uñas recorren mi espalda clavándose en ella como las de un gato salvaje. Susurras palabras obscenas e imagino tu rostro desencajado que no puedo ver. Una marea de intenso calor asciende por mis piernas, lenta, electrificando a su paso cada poro de mi piel hasta envolver la parte interna de mis muslos. Quiero que sigas, que continúes hasta que el calor alcance los límites de mi cintura en un estallido similar a una tormenta. Pero te paras. Te detienes. Y mi respiración se corta de forma súbita por la ira que me produce tu inoportuna interrupción. Entonces sales de mí y me volteas, sonriendo, y yo golpeo tu pecho con los puños obligándote a terminar lo que empezaste."


#4 por Mel:
"-¿Te gusta jugar, no? O acaso, ¿no te gusta que te paguen con la misma moneda? -susurras. Y tu sonrisa malévola me enfurece totalmente mientras siento desvanecerse el calor interno y remitir los electrificantes calambres de mis piernas. Acompañando mi salto con un penetrante grito de guerra, me cuelgo de tu cuello aferrándome con fuerza con mis piernas a tus caderas y dejando caer todo mi peso hacia atrás, consigo lanzarte sobre la cama. Tú te dejas, está claro... de otra manera sería imposible... y sin borrar tu sonrisa de ese rostro que no me cansaría nunca de contemplar, me agarras por las muñecas y me obligas a colocarme sobre ti. No me sueltas las manos, las sujetas bien fuerte, incluso empiezan a dolerme, pero no me importa porque otra sensación me está distrayendo del leve dolor. Esa sensación tan conocida por mí, esa dulce sensación del roce de tu miembro erecto en contacto directo con mi húmedo lugar secreto y fielmente custodiado por tus insistentes, deseadas, conocidas y claramente solicitadas por mí, caricias, invasiones, embestidas y... ¡Por Dios! Ya no puedo pensar más... Siento como si mi cuerpo fuera empujado hacia abajo por una fuerza extraña, pero no, es mi imaginación, tú sigues aferrado a mis muñecas y yo sólo soy capaz de dejarme caer con suavidad sobre tus caderas. No nos hacen falta las manos, nuestros cuerpos se guían solos, conocen bien el camino y ya sí, una vez alcanzada la meta, te imagino cual fuerte y espectacular corcel, y me dejo llevar, cabalgándote en una frenética carrera al paraíso. Mis muslos empiezan a arder, mis rodillas se sujetan a tus costados con fuerza, mis uñas empiezan a cambiar su color rosado por un blanco degradado ya que no pueden agarrarse más fuerte a tu pecho sin desgarrarte la piel, mi espalda se tensa recorriéndome un escalofrío en toda su longitud y mis ojos contemplan la blancura del techo de nuestra habitación mientras mi boca no puede contener los gritos de placer que me provocas..."

#5 por Pilar:
"Exhausta, me dejo caer sobre tu pecho, con el deseo cediendo paso al placer de mis sentidos, deseosa de que tu abrazo calme mi corazón desbocado con la ternura que ahora necesito más que nunca. Aún no acierto a adivinar dónde me encuentro, pero no me importa, confío en ti. Los rayos del sol ya no invaden nuestro espacio y las sombras nos envuelven con un silencio tranquilo que me apacigua. Pero solo por un momento. De soslayo acierto a ver un destello rojizo que parpadea al compás de mi pulso distrayendo el bienestar que me produce cobijarme junto a ti. Giro la cabeza siguiendo la trayectoria de la luz para recomponer el perfil que la envuelve, para descifrar el contorno que le da forma al objeto intruso que osa atentar contra nuestra intimidad. Un escalofrío me recorre el cuerpo, pero no es de placer. Me escabullo a pesar de tu intento de retenerme y salto de la cama para asegurarme de que es cierto lo que estoy viendo, antes de decidir con qué artilugio voy a fracturar tu cabeza sin compasión. Tu rostro se descompone cuando tomo conciencia de que la webcam de tu portátil está emitiendo, mientras tu cliente dicta órdenes desde el anonimato a través de la pantalla que acabo de encender y en la que descubro perpleja la imagen de la página pornográfica que administras. "Una felación" -ha escrito en el chat-, "he pagado por una felación, pero reconozco que la escenita no ha estado nada mal. Volveré."


#6 por Mel:
"Siento llamaradas saliendo a borbotones por mis ojos, perpleja frente a la pantalla y todavía no entiendo como no se funde delante de mí. El contacto de tu mano en mi hombro me saca de mi aturdimiento... -¡Maldito cabrón! ¡Tú y el degenerado ese vais a tener vuestro merecido! ¡Arrrggg! Agarrándote por el cuello, me abalanzo sobre ti, haciendo rebotar tu cabeza contra el duro cabecero de la cama. Tu gemido de dolor no me hace retroceder, tu cuerpo siempre me hace perder la razón, pero esta vez la cosa ha ido demasiado lejos. La piel de mi abdomen vuelve a sentirte todavía erecto y me sorprende la sensación de asco que invade mi cuerpo, pero no me pienso detener... vas a pagar lo que has hecho... y lo vas a pagar muy caro... Cual serpiente endemoniada, agazapada entre la hojarasca del bosque y dispuesta a atacar, me escabullo entre tus piernas hasta que mi boca está frente a tu erección. -¡Para! ¡Quieta! Ni tus órdenes ni tus manos pueden frenar el ímpetu de mi cabeza y mientras mi boca es invadida por tu pene, mis oídos son inundados por lo que ahora me parece una dulce melodía, tus gemidos de dolor... Siempre he tenido el mayor cuidado en proteger mis dientes durante mis quehaceres felácicos, pero hoy no es esa mi intención... Tu mano agarra mi pelo y tiras de él con fuerza para separar mi tan deseada boca de tu hasta ahora, maravilloso artefacto, pero estoy pegada a ti como una lapa, y no pienso perder el contacto hasta que haya terminado mi trabajo, como siempre has querido. Cedes en tus intentos de deshacerte de mí, y veo cómo, rendido, agarras con fuerza las sábanas, mientras por tus labios apretados se escapa un hilo de aire contenido, y empiezo a dudar si es de sufrimiento o de excitación. Tu erección no disminuye, así que es posible que sea por las dos cosas. Eso me enfurece más todavía, serás depravado, encima te estará gustando... Mis movimientos se vuelven más enérgicos todavía y cierro un poco más la abertura de mi boca, quiero acabar ya, me están entrando arcadas, sólo de pensar en el malnacido que está al otro lado de la pantalla y entonces ocurre, tu jugo caliente me llena y se escapa por la comisura de mis labios, me siento impotente y asqueada por no haber podido evitar darte placer, aunque aliviada por saber que no ha sido todo lo placentero que hubieras deseado. Bruscamente me separo de ti, aún sabiendo que no has terminado y paseando mi lengua lascivamente sobre mis labios, le hablo a la pantalla del portátil... -Espero que hayas disfrutado, ¡cerdo! Aunque te aseguro que aquí tu amigo, no pondrá esta comida en su lista de top ten, te lo aseguro. ¡Que os follen a los dos!"

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