ENCUENTROS

Te veo a lo lejos y el primer aviso de lo que van a ser las restantes horas, aparece en forma de excitante latigazo que recorre mi espalda hasta llegar al lugar donde se concentrarán más tarde mis deseos.
Sigo avanzando hacia ti, intentando que el temblor de mis piernas provocado por el nerviosismo de verte de nuevo, no me haga perder ese porte elegante que me caracteriza, y que tú al más mínimo toque, volatilizas como por arte de magia haciendo resurgir de lo más profundo, mi lado lascivo, perverso e indecoroso.
Mis dedos consiguen rozar tu pelo y tus brazos rodean mi cintura. Tu boca se hace dueña de la mía y el contacto con tu lengua húmeda hace que se encienda la mecha que corre rauda echando chispas de deseo hacia lo más íntimo de mi ser.
Pierdo la noción del tiempo, pierdo el control sobre mis movimientos, sólo soy capaz de sentir tus besos,tus caricias y la virilidad de tu cuerpo contra mi pubis... No sé cómo hemos llegado aquí, es tal tu poder sobre mí, que mi cerebro sólo te ve, sólo te siente y lo demás no importa.
Estamos en la parte trasera de tu coche, mi falda ya se ha perdido por mis caderas y tu sexo se oculta entre mis piernas. Tus manos enloquecen a lo largo de mis piernas y nuestros labios queman nuestra piel por allí por donde pasan.
Simplemente es necesario un ligero movimiento de mis caderas para que mi cuerpo reciba aquello que tanto deseo y que los dos nos convirtamos en uno sólo. Y así, sintiéndonos como tantas otras veces, llegar a tocar el cielo como si de nuestra primera vez se tratara.


1 comentario:

Pilar Muñoz dijo...

Nos dejas con ganas de más, Mel, ya que estamos metidas en situación, acaba! :)