UN REGALO: CAPÍTULO 5 DE SUEÑA CONMIGO (PRONTO EN AMAZON)

Como estáis siendo un@s niñ@s buen@s y cada día recibo vuestras muestras de apoyo y vuestras bonitas palabras, pues he decidido haceros un regalo. Por eso, a continuación podéis leer un capítulo enterito de mi próxima novela, Sueña conmigo. No tiene nada que ver con Sonríe, eh? Para la segunda parte de Sonríe hace falta esperar un poquito más.

Pero espero que con Sueña conmigo, disfrutéis mucho también... Con esa intención la escribo, así que... ahí os lo dejo:


Estamos ya en el ecuador de la semana y me siento agotada como si fuera viernes. Sé que tengo que tomarme la vida de una forma diferente. Mi cabeza no para de darle vueltas a todo y casi me estoy convirtiendo en una vieja quisquillosa y malhumorada.
No puedo quitarme a Diego de la cabeza y no puedo dejar de imaginar cómo sería ahora nuestro día a día juntos... Aunque últimamente, mis pensamientos también son para él, para el misterioso y atractivo hombre de ojos fríos e inquietantes, aunque tremendamente irresistibles.
Después de un relajante baño, me meto en la cama sin cenar ni nada. Me noto el estómago revuelto y sé que no es ningún virus, siento los nervios cómo me comen por dentro. ¡Dios! Estos tíos podrían haber escogido otro local para sus comidas de negocios, ¿por qué tuvieron que tropezarse conmigo?
Consigo dormirme enseguida, la verdad es que el cansancio tiene su lado bueno y me ayuda mucho a conciliar el sueño de una forma rápida. Esto hasta hace poco era imposible, ya que cuando mi cabeza tocaba la almohada, mi mente empezaba a funcionar, y el dolor que me provocaban mis pensamientos, me mantenía en vela durante largas horas.
Me despierto en mitad de la noche con un deseo irrefrenable de sentir la brisa fresca sobre mi piel, me obliga a salir de mi cama y como si de una loca sonámbula se tratara, salgo de mi casa, sin reparar en mi casi desnudez.
Sin darme cuenta, en segundos me veo rodeada de árboles, matorrales, oscuridad... y entre todo eso... un movimiento a mi derecha y un susurro sibilante que me hace estremecer de pies a cabeza.
¡Tengo que huir de aquí! No tendría que haber salido de mi confortable y segura habitación. Mis pies empiezan a moverse deprisa, pero la sensación es de que no lo hacen todo lo rápido que yo quisiera, porque sigo sintiendo ese movimiento muy cerca, pero ahora detrás de mí.
El camino que se extiende frente a mis pies desnudos, se difumina a pocos metros de mí y la niebla que me envuelve, embriaga mis sentidos con su aroma ácida. La humedad se pega a mi piel, libre de ropas... únicamente cubierto mi cuerpo por una rasgada y sucia camiseta.
Mis brazos arden, mis piernas desfallecen... al bajar la mirada puedo comprobar el rojo color de la sangre correr por mis extremidades y un vago recuerdo de mi huida por el bosque cruza por mi mente.
De repente, frente a mí, aparece una oscura silueta masculina, que se detiene a tan sólo un metro de distancia. Mis fuerzas me abandonan, no puede alejarme de él, e incluso soy incapaz de abrir la boca para pedir ayuda. En un fugar momento de lucidez, es cuando puedo ver sus ojos a través de la niebla, y en ese preciso momento sé que esa será mi última visión. Sus frías perlas grises penetran en mi mente y me hundo en la más oscura de las noches.
Lentamente mis ojos son invadidos por una tenue luz, pero es mi olfato el que me devuelve rápido a la realidad. Ya no es la acidez de la niebla... ahora lo que me está llevando casi al clímax es un dulce aroma de... jazmín...
Pero como un rayo atravesando el cielo en la tormenta más cruel y devastadora, el éxtasis del momento da paso al terror más angustioso cuando siento su cuerpo tumbado a mi lado, y mis ojos se encuentran con su rostro...
Un rostro bello, con una tez impoluta, casi transparente, una facciones angulosas, como esculpidas a cuchillo, una media sonrisa que deja a la vista una perfecta hilera de dientes blancos como la nieve... pero lo peor y lo que me aterra... unas esferas de gris metal que me miran fijamente y unos dedos cálidos como el fuego que recorren incansables mi cuerpo...
Sin saber cómo, aparto mi mirada de sus ojos y siguiendo el movimiento de sus dedos, veo como todas y cada una de mis heridas van desapareciendo al contacto con su calor. ¡No puede ser! ¡Esto es imposible!
Ahora lo recuerdo... En mi paseo por el bosque me asalta un desconocido, su silueta aparecida de la nada, me sorprende en medio de la oscuridad, y en mi desesperada huida a través de los matorrales, las ramas laceran mi cuerpo como afiladas dagas, pero al final... acaba por atraparme, y ahora estoy aquí... con él...
Intento abrir más mi campo de visión, pero la débil luz no me permite ver más allá de nosotros, estamos sobre una... cama... sobre unas no muy cálidas sábanas blancas de raso, pero da igual, su calor me quema y sus dedos... siguen con sus... caricias...
El raso blanco roza la piel de mi cuerpo. La camiseta sucia y rota que recuerdo que llevaba ya no está. ¡Ohhh nooooo! ¡Este malvado pervertido me ha desnudado! Pero ninguno de mis secretos ocultos, está a la vista, al menos ha tenido la decencia de cubrir mis intimidades.
Vuelvo a toparme con sus ojos que veo cómo se entrecierran, y debo estar volviéndome loca porque siento como si se adentrara en mi mente. No puedo soportarlo más y soy incapaz de retener un gemido que sale descontrolado de mi garganta.
Al momento, cerrando mis ojos para evitar su mirada que me aterra, mis manos se posan en su torso desnudo y cálido y una descarga de placer invade por completo mi cuerpo, que se retuerce sobre las sábanas que ya han perdido su frescor.
Mis movimientos bruscos y sus caricias han hecho que la sábana que protegía hace unos segundos mi cuerpo, acabe deslizándose como una suave brisa a mis pies y me encuentro totalmente desnuda y vulnerable a su merced.
Pero... ahora no tengo miedo...  mis ojos siguen cerrados, pero todos mis otros sentidos están acentuados al máximo y empiezo a sentir su calor apoderándose de mí, al mismo tiempo que su dulce aroma me invita a probarle.
Mis labios entran en contacto con su pecho, mis manos se aferran a su espalda y mi cuerpo y mi mente se rinden a él. Su aroma me invade por completo y su calor me llena desde lo más íntimo.
-No tengas miedo... cuidaré de ti... -su susurro me sobresalta...
Y despierto en mi solitaria habitación, sola sobre mi cama, empapada en sudor y con mi mano perdida entre mis piernas, sintiendo la humedad cálida y excitante que ha provocado el misterioso hombre de mi sueño.
Misterioso, sí, aunque en el fondo, mi subconsciente sabe quién es. Y por primera vez, deseo con todas mis fuerzas que llegue mañana y seguir sintiendo esa extraña mezcla de rechazo y excitación que me provoca su presencia.

Capítulo registrado en: SAFECREATIVE

© Mel Caran, 2013

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